Nuestra Historia

Cuando me preguntan que cómo llegué hasta aquí, mi primera reacción siempre es suspirar y repetir la misma frase…

Las vueltas de la vida.

Pero si quieren la versión extendida de la película, me toca contar que no y que sí, siempre supe que acabaría estando detrás de un mostrador. Detrás del mostrador de mi tienda.

Sólo me hizo falta terminar mis estudios de Turismo, para darme cuenta de que no quería trabajar en ese sector nunca más. Así de rotundo. Pero para empezar a darle algo de sentido a mi carrera, opté por complementar y licenciarme en Publicidad y RRPP, donde ya la cosa cambió un poco de color. Y tanto fue el arco iris, que una vez acabados mis estudios me fui a Barcelona a estudiar un Master en Dirección de Comunicación. Allí estudié, trabaje en el sector y conocí tantísima gente de tantas partes del mundo, que la persona que soy hoy no podría entenderse sin haberlos conocido.

Lamentablemente, la crisis asoló España y todos los trabajos que antes eran imprescindibles, pasaron a ser prescindibles. Entre ellos muchos relacionados con la publicidad y el marketing. Así que tuve que coger mi maleta y poner de nuevo rumbo al sur, esperando que todo fuese un mal sueño de una noche de verano de aquel año 2009.

Pero no, aquello siguió y me tocó pelear por nuevos caminos que nada tenían que ver con todo lo vivido en la “Ciudad Condal”. Así que tras muchas incertidumbres, sin saber por donde seguir tirando, acabé siendo comercial de artículos de ferretería, algo que nada tenía que ver con mi trabajo soñado, ¡ni siquiera con el turismo! Algo que me supuso muchas lágrimas y muchísimos kilómetros.

Sin embargo, un día se plantó ante mi la oportunidad de emprender en una pequeña ferretería de barrio, que tampoco es que fuese la ilusión de mi vida, no os voy a mentir, pero en aquel momento se convirtió en la única vía de escape que podía tener. Así, tras muchos números, mucho esfuerzo y poco miedo, en abril de 2010 nació La Buhardilla, pequeña ferretería doméstica especializada en menaje de cocina.

Son 9 los años que mi pequeña tienda y yo pasamos. Años en los que la crisis siguió apretando fuerte, en los que no hubo vacaciones, casi ni sueldo y mucho menos, descanso. Nueve años que me sirvieron para aprender a llevar un negocio, nueve años en los que no dejé de vender artículos de ferretería, pero en los que poco a poco empecé a perfilar el tipo de negocio en el que quería convertir mi tienda. Tiempo en el que se fue fraguando lo que ahora somos mi tienda y yo.

En febrero de 2019, el camino volvió a abrir una puerta. Una puerta dorada en plena calle Real. Tras un esfuerzo sobrehumano, conseguí cerrar esa parte de mi negocio que sólo me había servido para aprender. Dije adiós a las herramientas y me quedé con la parte de menaje que tanto me gustaba. Una interminable liquidación, una mudanza enorme, papeleos infinitos, obras, montaje, decoración… Dieron paso, al fin, el 13 de septiembre de 2019 nuevamente, a La Buhardilla.

La Buhardilla se presenta como una tienda especializada en el menaje, anexa a un taller de cocina en el que tras trabajar muchísimas ideas, por fin, es un ir y venir de alumnos. Cada rincón de estos espacios me ha quitado el sueño alguna que otra noche. Cada estantería, cada cuadro, cada lámpara, cada nota musical que resuena, no es fruto de la casualidad. Personalmente me encargo de la gestión y dirección, organización y planificación de talleres, imagen corporativa, marketing incluyendo redes sociales y creación de contenidos, y lo que más me gusta de todo, estar cerquita de mis clientes delante o detrás del mostrador.

Todo lo que mi tienda es a día de hoy, es fruto de todo lo que viví años atrás. Todas esas experiencias que vamos guardando en el alma, toda esa gente que se va quedando en tu corazón. Los pasos que damos en firme y los que no tanto. Por lo que si decides pasar por mi puerta y cruzarla, debes saber que cada rincón aquí tiene algo de magia y mucho de historia.

Así que cuando me preguntan si alguna vez soñé con La Buhardilla, debería decir que sí.

Uno de esos sueños de los que no te acuerdas por la mañana,

pero sabes que te estuvo agitando toda la noche, hasta despertar.